domingo, 11 de septiembre de 2011

Las maestras norteamericanas que trajo Sarmiento


JENNIE HOWARD, SARA ECCLESTON, MINNIE RIDLEY, FRANCIS BESSLER, las maestras que trajo SARMIENTO




Revista "MUJERES FUERTES"
Año 1/N° 6  Mayo - Junio 2007  - Pág(s) 16,17 y 18
Por Dr. Oscar Andrés De Massi

Con este título pronunció Tristán Guevara una conferencia, en 1954, la que luego quedaría impresa en un breve folleto que hoy tengo ante mi vista y que llegó a mis manos casi por obra del azar. Y fue por obra también del azar que, la misma semana del hallazgo del viejo folleto, encontré una respuesta parcial al interrogante acerca del destino final de aquellas legandarias maestra que, por iniciativa de Domingo Faustino Sarmiento, vinieron desde los EEUU para organizar la educación normal Argentina.

Ocurrió que visitando el Cementerio Británico de Buenos Aires - un sitio de bucólica belleza, casi oculto en una avenida lateral de la Chacarita - me salieron al encuentro, de piedra al modo de la campiña inglesa o de los cementerios de París, sus tumbas sencillas. Nada las identifica a simple vista como integrantes del contingente sarmientino, salvo la concordancia de sus nombres con el registro administrativo del enterratorio donde luve la leyenda: "American Teacher Sarmiento group", es decir, "Maestra Americana del grupo de Sarmiento".

Quienes yacen hoy en el Cementerio Británico fueron en la vida Jennie Howard, Sara Eccleston, Minnie Ridley y Francis Bessler. Apenas cuatro de un grupo cercano al centenar. El resto, vaya a saber. Pero todas ellas aceptaron el desafío de abandonar su país y, en plena juventud, emigrar a otro hemisferio, a otra cultura, a otra lengua, para cumplir una misión precisa y preciosa: la misión de educar. Bien poco sabemos de ellas pero la sola evocación de su coraje las convierte en una ejemplo de mujeres fuertes para recordar.


Fue en el año 1864 que Mitre designó a Sarmiento como embajador en los EEUU, país que el sanjuanino ya había visitado, interesándose por su sistema educativo. En aquella primera gira conoció al pedagogo Horacio Mann, quien había reorganizado la instrucción en Massachussets, dotando al estado de más de ¡7000maestros! Durante su misión diplomática Sarmiento visitó a otras personas ilustres: el filósofo Emerson, el astrónomo Benajmín Gould (a quien luego contrató para fundar el observatorio de Córdoba), el poeta Longfellow, el naturalista Agassiz.

Fue al parecer durante el último tramo de su residencia en EEUU que Sarmiento concibió el proyecto de traer a la Argentina a docentes norteamericanos. Y así lo ejecutó, siendo ya presidente, para atender las dos primeras escuelas normales: la de Paraná y la de Tucumán. Para la primera de ellas se destinó al profesor Jorge Stearns y as u esposa Julia. Un segundo grupo, también destinado a Paraná, estuvo integrado por Jorge Roberts y su esposa, junto a la señorita E. Wade. En 1873 llegó el tercer grupo destinado a Tucumán, compuesto por Juan Stearns, Lucia Wade, Ana Ward y Ana Rice. Poco después se agregaron Mary Conway, Sara Strong y Nyra Kimball. Hasta aquí el plantel que llegó durante la presidencia de Sarmiento, el cual se aumentaría durante los mandatos de Avellaneda y de Roca, y aún más tarde, hasta 1898. Como se podrá apreciar, cuando se habla de las "maestras" que trajo "Sarmiento" se incurre en una doble inexactitud: porque no todas - al menos al inicio - fueron mujeres y porque la mayoría llegó luego de la presidencia de Sarmiento. Sin embargo, el imaginario popular parece resistirse a desmentir la frase que ya es un "cliché" de nuestra historia.

Nada fácil fue la instalación de aquellas educadoras. Jennie Howard (venida en 1883, ya durante la presidencia de Roca) relató sus vivencias en un librito llamado "In distant climes and other years" (publicado en español bajo el título de "En otros años y climas distintos"). Cuenta allí que para entonces se tenía una idea confusa de la Argentina, una tierra que algunos llamaban "Bonus Airs" y otros "Patagonia". Para llegar debía afrontarse un viaje largo e incómodo que primero tocaba puertos europeos. Sin embargo, la mayoría estaba dispuesta a hacerlo movida por el propósito de extender los beneficios de la educación. Ella misma provenía de una acomodada familia de Boston y desde joven probó sus dotes pedagógicas al reorganizar una escuela de varones conocida por su indisciplina. La señorita Howard fue destinada a Córdoba y relata este episodio: en la puerta de la iglesia de los jesuitas se leía la frase "Esta es casa de Dios y puerta del Cielo" . Pues bien, una mañana apareció pintada en la entrada de su escuela: "Esta es casa del diablo y puerta del infierno". Pero aún así discriminadas, sospechosas por su condición de extranjeras y protestantes, las maestras norteamericanas daban muestra de su espíritu tolerante, entrando a rezar en el templo católico, a falta de uno de su propia confesión religiosa. Allí le pedían a Dios ayuda y valor para realizar su tarea educativa, tan obstaculizada por los prejuicios que llegaron, en alguna ocasión, a materializarse en piedras arrojadas durante un acto de graduación.

Las recién llegadas eran derivadas a una especie de "curso de adaptación" en Paraná, donde aprendían el idioma español, para luego partir hacia destinos alejados como Catamarca, San Juan, Tucumán, Corrientes, Jujuy...

Clara Amstrong fue enviada a Catamarca donde algunas damas de sociedad, alarmadas por el credo protestante de la joven maestra, hicieron su queja al Obispo, que era el afamado Fray Mamerto Esquiú. El Obispo mostró su ecuanimidad y con picardía les respondió que conocía el ambiente moral de la Escuela y que sabía que la directora pertenecía a una "rama disidente" de cristianos, lo cual sin duda "era menos malo que si fuera atea..." Clara Amstrong actuó también en San Nicolás y en San Juan.

Mary Graham estuvo en San Juan y en La Plata (un conocido colegio de niñas lleva su nombre en la última ciudad). Isabel King fue a Corrientes, Goya y Concepción del Uruguay (falleció en Bs. As. pero pidió ser sepultada en Goya).

Mary Morse, con sólo 26 años fue nombrada directora en Mendoza. Con ella vino Margaret Collard. Ambas se retiraron en 1927 y renunciaron a percibir su jubilación en beneficio de las colegas más necesitadas. Vivieron la vejez con sus humildes ahorros en Chacras de Coria.

Clara Bischoff actuó en Rosario y se la recuerda por sus avanzados criterios: no había en su escuela distinción de razas, de nacionalidad, de religión o de ideario político; no había uniformes ni insignias; no había promedios ni amonestaciones, ni siquiera un régimen de inasistencia ya que concurrían los que podían hacerlo.

Frances Amstrong fue la primera directora de la Escuela Normal de Córdoba y ella sí, a diferencia de lo acontecido en Catamarca, debió enfrentarse a la intolerancia de al autoridad eclesiástica. Pero el espíritu de la Señorita Amstrong era generoso y hasta se mostró dispuesta a que en la Escuela Normal se dictaran clases de Catecismo Católico, lo cual no fue aprobado por el Gobierno Nacional, empeñando en sostener un plan de estudios enteramente laico. Los nombre de algunas de estas mujeres hoy dan identidad a tradicionales colegios: Eccleston, Ward, Graham.... La mayoría permanece anónima en la memoria general de los argentinos, a excepción de aquellos que tuvieron el privilegio de frecuentar sus aulas y que han emitido juicios de unánime ponderación recogidos por el profesor Guevara en el librito que antes citamos.

El coraje cívico y pedagógico de aquellas heroínas fue el molde en el cual forjaron su carácter las maestras de antaño. Ignoro francamente en que molde se templan las maestras del presente. Las cosas han cambiado, casi siempre para peor. En todo caso las "maestras de Sarmiento" seguirán siendo el modelo y espejo de las mujeres que han elegido el magisterio como una vocación ineludible y de alta ejemplaridad social.


1420, LA AVENTURA DE EDUCAR

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